objetividad y subjetividad. Realidad real y personal.

Objetividad y Subjetividad

Objetividad y subjetividad: realidad real y realidad personal.

Objetividad y subjetividad es un tema que me interesa especialmente. No se trata de un interés personal solamente, les interesa también a mis personajes que quieren estar bien orientados cuando deambulan por mi cabeza; por este motivo, me atrevo a tratarlo aquí como una más de sus historias.

Hace solo unos días, leía un libro que, entre otras cosas, trataba sobre estos dos conceptos, a los que se refería como «realidad real» y «realidad personal». Es indudable que en el ser H conviven los dos mundos, pero cada vez es más difusa la línea de división entre ambos. Cada vez los confundimos con mayor frecuencia y eso, desde mi punto de vista, es un verdadero problema. Uno de mis personajes reflexiona sobre ello y te lo cuenta:

La historia.

Santiago miraba por la ventana, pero no veía absolutamente nada. Solo el cielo azul y el espacio indeterminado de la calle. Ni siquiera apreciaba el edificio que tenía justo en frente ni los árboles del parque que se encontraban a su derecha. Su concentración era máxima.

La conversación que había mantenido con Pablo sobre  objetividad y subjetividad le había traído la duda sobre muchas de sus convicciones.

La reflexión de Santiago.

realidad virtual. objetividad y subjetividad
¿Qué es lo que ves, objetividad o subjetividad?

«No me importa reconocer que estoy equivocado, lo que quiero evitar es seguir permaneciendo en el error como un verdadero estúpido.

Entiendo la diferencia entre la realidad real y la realidad personal. Resulta evidente que la realidad real actúa de forma independiente a nuestros deseos y tiene sus propias normas de funcionamiento.

También entiendo que la realidad personal se encuentra marcada por el egoísmo de cada ser H. El egoísmo es una de nuestras características intrínsecas. Nuestra actuación individual, movida principalmente por intereses propios, marca nuestra existencia como individuo.

El punto en el que falla la teoría de Pablo sobre objetividad y subjetividad es en su aplicación social.

La realidad social.

El ser H es social por naturaleza, ésa es una verdad absoluta de la misma dimensión que la que se refiere a su marcado egoísmo. Por otro lado, no me cabe ninguna duda de que el ser H necesita vivir en sociedad para poder desarrollarse. No existe otra posibilidad.

En este aspecto su teoría hace aguas de una forma evidente. Sin unas normas por las que regular su actividad en común, el ser H no puede relacionarse con los demás; precisamente por su naturaleza egocéntrica.

No podemos aspirar a que un ser que utiliza el egoísmo como su medio de vida y de desarrollo personal, a la hora de actuar y relacionarse con sus semejantes, se convierta en un ser generoso y olvide su condición natural.

Solo las normas impuestas de una forma coercitiva, mediante los mecanismos adecuados y bajo los principios de generalidad e igualdad, garantizan la existencia de un mínimo de respeto en las relaciones interpersonales, y posibilitan que  la convivencia se desarrolle dentro de unos parámetros razonables.

La Ley. ¿Objetividad o subjetividad?

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Quiere ser objetiva, pero se encuentra rodeada de subjetividad.

Se trata de una cuestión muy debatida durante siglos. Por supuesto que hay opiniones para todos los gustos y existen leyes que se prestan a la objetividad y subjetividad.

No obstante, La Ley en sí es objetiva, pero se encuentra rodeada de subjetividad. Por un lado, la crean unas personas movidas por fines concretos que, lejos de los intereses generales, obedecen a intereses personales o de grupo; luego, la interpretan otras personas que actúan de nuevo desde un punto de vista subjetivo, por mucho que se las trate de revestir de un halo de objetividad del que carecen. Finalmente, son aplicadas y ejecutadas por otras personas que también ponen su grano de arena dentro de la subjetividad.

En definitiva, La Ley no es perfecta ni lo pretende ser; es suficiente con que «sea», con que «esté», con que «exista» y, sobre todo, con que «se aplique siempre». Sin ella, nos enfrentaríamos al caos, la selva, la ley del más fuerte, la nada.

La realidad.

Resulta evidente que existe una realidad real, permanente y cambiante a la vez. Entiendo también que esa realidad es inalterable, que se encuentra en permanente presente, que no conoce ni de pasado ni de futuro y que evoluciona con independencia de nuestros propios deseos.

Somos unos estúpidos cuando, desde nuestro egoísmo, damos la espalda a esta realidad que nos rodea. En el colmo de la prepotencia, hemos llegado a ignorar la existencia de la objetividad y subjetividad, y pretendemos que nuestra realidad personal, nuestra particular forma de ver las cosas, debe ser aceptada por el resto de seres H.

A veces, nos sentimos frustrados porque no entendemos cómo es posible que otros no vean lo mismo que nosotros vemos.

La armonía entre objetividad y subjetividad.

La armonía entre objetividad y subjetividad
Son diferentes, pero los dos mundos deben convivir juntos

Creo que la interpretación correcta comienza por aceptar que la realidad real es inamovible, que se encuentra fuera de nuestro alcance y que nuestra existencia pasa por la adaptación de nuestra subjetividad para poder vivir en ese mundo real.

Esto requiere indefectiblemente la supeditación de nuestro propio mundo particular y subjetivo al mundo objetivo de la realidad.

No existe adaptación sin armonía. Ésta surgirá siempre que respetemos esta realidad real, siempre que la conozcamos y la admitamos, siempre que nuestros movimientos se desarrollen dentro de ella y con total respeto a la misma. De nada sirve que nos empeñemos en darle la espalda porque ella seguirá ahí; ¡aceptémosla!

Este es un cambió muy importante en nuestras vidas. Si nos damos cuenta de que, por mucho que queramos, deseemos, soñemos o fantaseemos, nos vamos a chocar contra el muro infranqueable de la realidad, habremos dado un gran paso hacia la objetividad, hacia el equilibrio personal y, con ello, hacia la felicidad.»

La conclusión.

Objetividad y subjetividad: no existe la una sin la otra.

Santiago se quedó en la misma posición. Dentro de su mente había sido capaz de cuadrar aquel puzle que suponía la coexistencia de dos mundos limítrofes y paralelos que deben discurrir juntos pero sin mezclarse.

Siguió con sus reflexiones: «Pero, ¿dónde se encuentra la línea que los separa? No me es posible apreciarla. ¿Podrían existir conceptos que pertenecieran a ambas realidades en función del momento en que sean aplicados?

»Tendré que debatirlo con Pablo para ver cuál es su reacción, porque esta es mi realidad particular y parece estar en armonía con la realidad real, pero no son matemáticas precisamente, ¿o sí lo son?».

Objetividad y subjetividad. De nuevo tendría que remar perdido en ese mar de dudas y de indefinición que tanto odiaba.

En cualquiera de los casos, sus conclusiones no dependían de la validación de su amigo.

Tomó una decisión: «Eliminaré la duda de la realidad real, a la que resulta evidente que no pertenece, y disfrutaré del presente».

De forma automática, todos los objetos que había ante su vista, comenzaron a tomar vida y aparecieron dibujados en su retina. Se fijó bien en todos ellos y encontró detalles en los que nunca había reparado.

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Amador Moya.

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